Entre el Miedo y la Improvisación: El Paro del ELN Desnuda la Fragilidad de la ‘Paz Total’

Lo que comenzó como un desafío retórico contra «el imperialismo» terminó convirtiéndose en una pesadilla de 72 horas para la población civil. El paro armado decretado por el ELN, que concluyó oficialmente este miércoles 17 de diciembre, ha dejado no solo un saldo trágico de muertos y pérdidas económicas, sino también una profunda grieta en la credibilidad de la política de seguridad del Gobierno Nacional.
Un Pretexto Ideológico que Nadie Compra
Bajo la excusa de protestar contra una supuesta «intervención neocolonial» de la administración Trump, la guerrilla paralizó seis departamentos del país. Sin embargo, la narrativa insurgente chocó de frente con la realidad: mientras sus comunicados hablaban de soberanía, en el terreno sus acciones se tradujeron en quema de buses, explosivos en vías y el confinamiento de comunidades enteras en el Chocó y Arauca.
El propio presidente Gustavo Petro, en un giro discursivo que marca una ruptura definitiva, calificó a los cabecillas de esta estructura como «traquetos disfrazados de guerrilleros», deslegitimando su supuesta lucha política y señalando sus vínculos directos con mafias internacionales.
La Seguridad: ¿Reactiva o Preventiva?
Las críticas a la gestión del Ministerio de Defensa no se han hecho esperar. A pesar del despliegue de tropas anunciado por el ministro Pedro Sánchez, la sensación en las regiones afectadas es de desamparo. Líderes locales y la oposición cuestionan por qué, si las alertas de inteligencia existían días antes, la respuesta del Estado pareció llegar, una vez más, después de los hechos.
El balance final es desolador: más de 50 ataques terroristas en apenas tres días y al menos cinco víctimas fatales. Estas cifras han avivado el debate sobre el fracaso de la «Paz Total» como estrategia de contención, sugiriendo que la falta de líneas rojas claras ha permitido el fortalecimiento militar de estos grupos ilegales en el último año.
Incertidumbre para el 2026
Aunque el paro ha terminado, el mensaje que queda en el ambiente es de vulnerabilidad. Con un ELN que parece haber abandonado cualquier intención real de diálogo y un Estado que lucha por recuperar el control territorial, el inicio de 2026 se perfila como un periodo crítico para la seguridad nacional, donde la población civil sigue siendo el escudo humano en medio del fuego cruzado.




