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TRUMP Y EL PETRÓLEO DE VENEZUELA: Una apuesta por el pasado frente a una China que abraza el futuro eléctrico.

PETROLIO

La estrategia de la administración Trump en Venezuela marca un punto de inflexión en la geopolítica del siglo XXI. Al intentar asegurar el control de las reservas de crudo más grandes del mundo, Estados Unidos está apostando por una «diplomacia petrolera» que parece ignorar la velocidad de la transición energética global.
​Mientras Washington busca revitalizar una infraestructura obsoleta para extraer combustibles fósiles, China —su principal competidor y el mayor cliente de ese petróleo— está demostrando que su verdadera prioridad no es el control de pozos extranjeros, sino la soberanía tecnológica. La rápida adopción de vehículos eléctricos y energías renovables en el gigante asiático sugiere que el petróleo venezolano podría estar pasando de ser un recurso estratégico vital a un activo en riesgo de quedar estancado.
​En última instancia, el éxito de la incursión estadounidense no dependerá solo de cuánto petróleo logren extraer o vender, sino de si existirá un mercado dispuesto a comprarlo en un mundo que, liderado por China, corre hacia un futuro libre de carbono. La gran paradoja de 2026 es que Estados Unidos podría terminar ganando el control de un tesoro que el mundo está aprendiendo a no necesitar.

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